Do you feel me?

May 23

Rodolfo

¿Cuántas veces cruzaste el Ecuador Rodolfo?

Rodolfo muriò de un infarto. Rodolfo tenìa ochenta años. Se murió como se muere la gente de esa edad, nada trágico, se desplomó sobre su escritorio, esperándolo quizas, o esperando que pase algo distinto a la rutina senil. Se murió conviviendo con su tercer esposa, con su hija de 18 años, fruto, producto y generador de ese tercer matrimonio. Rodolfo era marino y era mi abuelo. Lo conocì poco, porque él vivía en Buenos Aires y yo en Viedma. Rodolfo estaba en Colegiales y cuando lo iba a visitar me tomaba el subte hasta Olleros y él me pasaba a buscar con su auto. Rodolfo era Capitán de submarinos. Habìa ido a Estados Unidos a aprender, y ahí nació mi papá, que se llama Jorge porque nació en Washington. Rodolfo murió y lo enterraron en Chacarita. El cajón lo llevaron sus hijos y mi hermano y yo, los hombres. Cuando llegamos lo esperaba un compañero de promoción de la Escuela Naval que estuvo a cargo de panegírico, dijo palabras lindas, no dijo nada acartonado. Seis marinos novatos tocaron la trompeta, una melodía solemne, pero con poca pretensión. Rodolfo se había “alejado de la fuerza” hacía un buen tiempo ya. Con el ruido de las trompetas me aflojè, lloramos todos. Llorò papá, pero con anteojos negros. Lloraron sus hermanos, pero lo hicieron abiertamente, porque el tiempo demostró que a ellos les iba a costar despegarse de la figura paterna. Era el clima de homenaje militar como en las peliculas, pero a bajo costo. Se iba un marino, lo enterraron con el traje y las insignias. Rodolfo de mi abuela, su primer matrimonio, se escapó. Esperó a que se case su hija y cuando terminó la fiesta aguantó un día más, le dijo a mi papá que iba a estacionar el auto y se fue, no volvió. Rodolfo se fue a vivir al sur. Rodolfo se fue del sur y sin avisar y se volvió a escapar pero esta vez de su segunda mujer, no le dijo nada y se fue porque estaba por tener una hija, a los 65 años, con la que sería su tercer mujer.

¿Por que te vas Rodolfo? nunca avisas. Te espera el submarino Rodolfo y no vas avisar.

Una fuga no se planifica, eso es mentira, eso pasa en la cárcel. Un día no aguantás más esa escena, no aguantás más la presión en el hipotalamo e instintivamente te vas. Agarrás las cosas y empezás a correr, no mirás atrás. Nunca se sabe bien de que escapás, ni tampoco adónde vas. Es un futuro incierto que se escapa de un presente incierto, incomodo, irresoluble, lleno de ies.

Rodolfo tenìa la sensación de que siempre estaba en un lugar perdiendose lo que pasaba en otro, en uno que asumía mejor. Es algo que a muchos nos pasa. Que no nos deja descansar, porque es la idea de una estabilidad incómoda, improductiva. Rodolfo se murió y dejó unos cuentos. Escribía bastante feo, pero era curioso. Observaba, no se casaba con su primer pensamiento nunca. Miraba algo, lo dejaba descansar y despuès lo volvía a ver. Rodolfo miró mucho el mar y después se cansó. Miró mucho las lanas de las ovejas apiladas en el campo y después se cansó. Miró su escritorio, le dolió el pecho y después ya no miró más nada. Y acá estamos, homenajeando al futuro, con el legado tibio de los errores pasados.

May 20

Petequias


Una petequia es una mancha que te sale cuando te moris de asfixia, y es cuando hiciste fuerza para intentar respirar y no pudiste, te moriste y se te manchó la cara.
El otro día conocí a una chica que la mejor amiga murió en la tragedia de Once. Su amiga no tenía esas manchas porque se asfixió y no pudo ni intentar respirar.
Yo ahora veo a muchos simpatizantes del kirchnerismo hablan sobre Macri, sobre la basura, y hablan tan fácil chicos, pero tan fácil.
Yo pienso, y me excuso de exponerme acá y así, pero la tragedia de Once no fue como cualquier tragedia, ahí funcionó el riñón del kirchnerismo, trabajó la maquinaria de subsidio a la ganancia de la empresa amiga, boletos baratos que se olvidan de la inflación y cero inversión en infraestructura. Hasta me da verguenza decir tragedia sobre algo tan esperable.
Yo los veo chicos que eligen olvidar esto, que eligen hablar de Macri, porque es re fácil eso, pero sepan que cada vez que hablan de política, de su religiosidad kirchnerista, y que no hablan de Once, de TBA, están eligiendo militar en la miseria humana, y somos jóvenes como para andar optando por ese espanto.

May 20

Fadeout


Hay que irse en fadeout, de todos lados, porque hay que cumplir el primer paso, de ser inolvidable, pero tampoco llamar mucho la atención. Pero hay que irse en fade, despacito, bajando los caracteres. Eso de pegar portazos, de salidas abruptas se lo dejamos a otros. Nosotros, los que tratamos de no ser disminuidos emocionales, jugamos a la racionalidad, al espejo del humanismo totalmente distorsionado, vamos acá, nos reímos, nos decimos cosas lindas y movemos de estación, no nos apelmazamos.


Quedate quieto viejo, y mi hermano lo alza y lo bañamos. Los tres en un cuartito de baño en una habitación del Fleni, en un cuartito de baño mínimo lo sentamos en una silla y lo bañamos. Le decimos que se quede tranquilo, porque él nunca se puede quedar tranquilo, nunca, pero se relaja, sabe que son sus dos hijos los que se encargan de la tarea intima de bañarlo, de limpiarlo. Su cuerpo desnudo es imperfecto y vulnerable, pero todos los cuerpos desnudan imperfecciones, y sobre esto se escribió muchísimo. El cuerpo de mi viejo tiene una cicatriz que le cruza el abdomen, es enorme y no es initimidante, no es una cicatriz canchera, sino que es el principio del proceso. Un proceso que no tiene un nombre ni tiene fechas, sino que requiere de una energía distinta, punto.


Reconozco una voz, que evita clisés, que escucha atentamente y que no anda expectorando el
te quiero, no lo reconoce como un gesto cotidiano. La eterna condescendencia te repliega, te paraliza el crecimiento y no te estimula. No seamos malos tampoco, pero que se curtan, que la admiración sea racional y que se la ganen, que nos la ganemos.


Primero te afeito con la cortadora chiquita, no tenés tanta barba, pero te la bajo un poco, le digo. Su barba es blanca, casi toda blanca y tiene algunos pelos negros, su piel está muy blanca, casi no se le nota el vitíligo. Ese mapa que siempre se le desplegó en las manos y en el cuello ya casi no se ve, se pierde en la blancura de una piel que está sujeta a muchos medicamentos, a muchos estudios, a una paciencia en forma de pildora. Cuando termino de afeitarlo, abrimos el agua y sentado en una silla podemos enjuagarlo, despacio, todo el tiempo diciéndole,
che viejo, cuidado acá, levantá el brazo, ojo que te ponemos shampoo. La situación es hermosa, es solemne, es mil clisés más. Es relatable y es patética. Es un hombre que está siendo abatido, pero que reconoce la herencia de sangre, que reconoce al sucesor, y se hace amor, eso se hace: es amor, es manual y es higiénico. Es íntimo y es intenso. Es paciencia y dulzura, es tomar conciencia de que hay un fin dando vueltas, el fin a una etapa, el fin abrupto, o el fin.


Exponemos, decimos y reflexionamos. Corregimos y nos decimos:
me gustó tu texto, obvio que nos lo decimos, porque nunca nos diríamos que tu texto no nos gustó. Esto termina siendo una obviedad, pero queremos evitar las obviedades, pero es el respeto al que se expone que hace trabajar la fortaleza del que se abre; me gustó tu texto sobre todo en la parte que decis… pero tal cosa me hizo ruido. Un poco nos cuidamos, se genera un clima, uno que es difícil de explicar, pero no hace falta explicarlo. Encontramos nuestra voz, investigamos en los recuerdos, los intervenimos y eso es mucho más difícil de lo que uno cree, y no son proyectos literarios, son clicks y puntos de fuga. Estamos a la búsqueda de esos momentos donde nos quedamos sin qué decir, porque eso es un abismo mental, que nos hace reconstruir un puente sólido entre eso que está allá y esto que está acá y que quiere reproducirse, para embellecerlo y retomarlo, hacerlo vendible.


El agua pasa del duchador, al cuerpo y después al piso, pasa y se lleva el sudor que provoca estar acostado, pegado contra sábanas que solo se dedican a recibir enfermos. El agua cae al piso y se lleva todo, nos moja los pies y se va por una rejilla, no sé adónde se va, pero se va. El agua embellece la piel de mi papá, el agua lo hace sentir mejor, porque está más limpio, y porque la cárcel de no poder ducharse solo en ese momento está relegada a sus dos hijos varones y porque no hace falta que demuestre fortalezas, no hace falta le decimos, nos adelantamos a sus falencias y las disminuimos, se las hacemos habitables.


Escribimos porque ahí se disfraza de letra el ego, la personalidad. Hacemos caracter un sentimiento, lo retorcemos y observamos. La escritura casi que es lateral. Es el vehículo que usamos para darnos un espacio en el mundo, y hablo en plural por más de que se oigan disidencias, y no es que me arrobo la verdad, es la mecánica que se repite año a año y la percibo. Escuchen el silencio de cuando alguien escribe algo emotivo, algo que lo endurece como ser humano. Ahora a todo ese relato imagínenlo hecho bien, con dos líneas que lo crucen, el del qué y el cómo.


¿Te pongo perfume?, ta, vos ponete el desodorante. Si ya sé viejo, vamos a cuidarlas, a tu mujer y a tu hija, vamos a cuidarlas, y despreocupate que el dramatismo no se lo vamos a permitir a la situación, pero no como policías eh. Que cada uno haga el viaje como pueda, pero nada de situaciones alteradas, ni gritos desgarradores ni esas cosas, todo lo menos tano posible.
Mi papá descansa, o está cansado, no sabemos la diferencia, no la exigimos todavía. Me tomé un avión para ver qué pasaba, porque no sabíamos que iba a pasar. Me tomé un avión porque la noche anterior había apagado el teléfono cuando me dormí y me asusté, porque cuando me desperté tenía muchas llamadas perdidas, porque papá había pasado una noche pésima y estaba internado. Me tomé un avión para verlo, porque está lejos, y me tomé ese avión y lo ví, y me volví en avión con él. En un avión sanitario. En un lear jet volvimos de Viedma a Buenos Aires en una hora exacta. Eramos pocos y era un avión chico, como viajan los CEO. Y todo era una maqueta, se veía de arriba la cuenca del Rio Colorado, se veían los cuadros de los campos, se veían los cuadros redondos, y mi viejo me dijo que eran por los pivots de riego, mi viejo me dijo eso, mientras viajaba acostado en una camilla de un lear jet, de un avión sanitario, que ya se hizo costumbre, porque viajó dos veces a Buenos Aires en un avión sanitario.


Elegimos palabras que nos gustan, pero elegimos las que no son solemnes, porque nosotros queremos ser solemnes, o queremos ser inolvidables, pero eso ya lo dijimos, pero escribimos porque sabemos que hay algo que tenemos para decir, hay un uso estético, un relato, o nos transformamos en un ejercito de seres que no se sensibilizan con cualquier cosa, que quieren negociar la lagrima, que cartoneamos en lo profundo de la simpleza, ¿para qué? no lo tengo claro, pero tampoco quiero tenerlo. Me siento cómodo, me permito decir que nos sentimos cómodos, pero como siempre, usar una voz plural es una decisión y un peso. Prefiero desmenuzarlo, pero no puedo, nos sentimos cómodos, pienso y me adueño del sentimiento.


La situación entera se rellena de confianza y como si fuera un aviso publicitario, nos quedamos con el concepto creativo: la confianza. Hay de eso y hay agua, aunque el agua refiere a lo maternal, al vientre, pero eso dicen los que saben, los que saben lo dicen. Acá el agua es paternal, estamos en patas y ponemos una toalla como burlete de la puerta, para que no se moje el cuarto del hospital. Su cuerpo queda limpio, impúdico y armoniso. El olor es a jabón y perfume y él se siente bien, nosotros también, hay una voz de alivio, de espanto y de regocijo.


Hay texto y pre texto, pero también hay finales, los ponemos o no los ponemos, siempre es una decisión estética. ¿Cerramos como cierra una orquesta, con el ruidito final? pero ¿y si estamos moralizando con eso? no moralicemos, por favor, no tomemos ese protagonismo, es incomodo e insoportable. ¿Por qué escribimos? porque no cantamos ni somos lindos, seguro que es por eso, o que es porque nos atormenta y nos obsesiona la escritura, pero al final de todo no la sufrimos, o si, solo que ese sufrimiento nos vomita un textito lindo que podemos mostrar, pero lateralmente, porque no hay que decir mucho que escribimos, dejamos que nos descubran.

May 03

FREELANCE


-¿Qué leés?
-Carver.
-Nos quedamos sin, ¿te diste cuenta?
-Sí, ya llamé a Carlos, en un rato pasa.
-No me soportás más, ¿no?
-Ni un poco, bajá las persianas que no soporto la luz tampoco.

El olor a encierro que hay acá es imperceptible y es espeso. No quiero abrir las ventanas, ni irme a dar una vuelta, este encierro es mental, es físico, es abundante, es.


-¿Qué día es?
-Miércoles.
-Es viernes, no tenés idea de dónde estás parada, ¿te das cuenta? Me voy a ir y no te voy a ver más, ahí voy a arrancar a intentar saber lo que es creer ser feliz. Ojalá te pudras, ojalá.

Llevaba siete días sin que se me pare, ella siempre estaba en bombacha, todo el día en bombacha y eso me deprimía. Nada de lo que hacía me excitaba. Hubo un día que la vi vestida, estaba intacta, su piel tenía color, era un color extenso, como su superficie, su piel parecía haber hecho fotosíntesis. Ella seguía vestida pero como una abogada, o como pienso yo que se deben vestir las abogadas que me calientan. Tenía el pelo recogido, nunca en su vida tuvo el pelo recogido y eso me calentaba mucho más. Se acercó de forma hostil, aunque ella siempre me trataba de forma hostil, nos tratábamos así. Pero esta vez era una hostilidad sin historia, era una distancia que nacía y crecía en el vínculo. Eso me desesperaba, se me salía la verga del pantalón. Su aspecto laboral encajaba con todas las funciones del deseo desactivadas por la rutina, por la inutilidad creciente, por las eternas horas de convivencia. Ella en su traje ajustado, erótico, porrrno, se me acercaba y yo tiraba todos sus papeles de un empujón, mi mano golpeaba su cara, para dejarle sangrando los labios, y eso subía doce grados la situación. Ella se resistía hasta el punto donde la apoyaba contra la pared, la ponía de espaldas y sin mediar sutilezas la penetraba sin ningún problema porque ella estaba muy mojada. El bombeo se terminó porque me desperté de golpe, con ella en la cama, plegada en mi torso, frotando su culo y yo cojiéndola, ahora de forma real para después despertarme otra vez pero en serio, con el latido del corazón al mango, desesperado por la falta de aire en ese cuarto. Le pregunté dónde la había dejado porque no podía dormir. Volví a la cama y esta vez sí pudimos cojer, bajamos tres pisos de lo onírico a lo real. De lo seco a lo húmedo. Cojimos y nos mordimos los labios y lo hicimos fuerte. Cojimos entre nosotros, pero pensando en otros; yo la pensé como cuando no podía dejar de estar adentro suyo. Cuando el sexo real terminó, cuando me di cuenta de que estaba soñando las dos primeras veces, lloré de impotencia, de tener la bronca de que eso que sentí y que quería sentir hace mucho no era real, bah, se sentía exactamente igual a lo real, pero sabía que no lo era , que esa desidia del deseo iba a volver en el minuto uno de la vida.

 

La primera vez que nos vimos fue en un bar en Montserrat, yo venía de un viaje largo, de esos que son cinco álbumes de fotos. Un amigo me dijo que invite a tomar algo a la amiga de su novia. Estaba sin actividad sexual y eso me permitió cualquier plan. Nos juntamos a la tarde en Iberia, el bar de Salta y Avenida de Mayo, uno de esos bares atemporales. Ella llegó con el pelo mojado, me reconoció en seguida, pero no fue un saludo efusivo: entró como entran las personas en una escena de película yanqui, con un plano general, la cámara que sigue al protagonista y el resto se transforman en los mejores actores secundarios. Entró con un paso acelerado. Se sentó y me dijo hola y llamó al mozo. Sin mirar la carta pidió una cerveza de tres cuartos, una Imperial dijo, y unas aceitunas, agregó. El mozo entendió perfecto la relación de servicio cliente/proveedor, asintió rápido y fue a traer el pedido. Ella recién ahí volvió a mirarme. Pasó por encima cuarentaycinco gestos aceptados por las normas internacionales de gente que recién se conoce, y no le importó.

Miguel ¿no?, dijo señalándome con la mano a medio girar. No me dejó responder y aclaró que este tipo de bares se define por la calidad de los baños. Si fueron o no mejorados. Que la atención es mecánicamente perfecta y que los productos salen como sale algo que se viene haciendo así hace 45 años: bien. Me rompió la cabeza y esa tarde nos derretimos la mente, nos la quemamos tanto que cojer fue una secuencia adaptada. Fue un cambio de superficies táctiles y de posiciones geométricas que fueron imperceptibles en el relato. Dormí en su departamento y me quedé una semana entera.



-Sonó tu celular tres veces, tu ringtone es una mierda. ¿Quién te llama, el forrito ese de José?
-Si tocás el teléfono te parto la cabeza, ya me voy a ir, tarado, ya me voy a ir y vas a pudrirte acá.


Se nos acabó el contrato de alquiler al mismo tiempo y esto hizo sea como todas las historias lúmpenes, las que se  definen por la carencia de propiedad porque los que son dueños resuelven este conflicto de manera más eficiente. Se sabe bien quién se tiene que ir. Arma las valijas y se va, o es más claro y menos violento tirarle la ropa por el balcón.

Nos fuimos a vivir a Colegiales. Nos fuimos a un dos ambientes que era chico, pero tenía una terraza balcón, tenía luz, tenía mucha luz. Me gustaba despertarme y verla desayunando en la terraza, me gustaba verla mirando atenta el café, cómo se ataba el pelo y cómo se sentaba flexionando las piernas en la silla, yo me quedaba mirándola, esos gestos, nada más. Me gustaba saber cómo y qué cosas comía, me gustaba saber dónde ablandarla. Me gustaba sentir una angustia cuando no había llegado bien, sentir que le podía pasar algo, me gustaba ver que estaba sana, que no le había pasado nada. Me gustaba ver que toda su independencia por momentos dependía de mí, me gusta desearla, me gustaba estar estable.


Los dos éramos freelancers, el nombre cool para la nueva precarización laboral, para el vacío de tener tiempo de sobra y no tener obra social. Los dos cometimos el error de empatizar con el proceso edificante de incorporar 24 horas de relación humana a dos seres humanos que destinamos una alta proporción del tiempo a la miseria. Los dos agotamos cualquier eventual escape a la monogamia sicótica que generamos, a base de rechazos violentos, gestos dulces, caricias ásperas, regalos inoportunos y exigentes. Tambien hubo demandas civiles de carencias afectivas y sobredosis de escapes a situaciones inevitables.

Esa idea absurda de creer que con quien compartís un 90% de afinidad en los gustos es la persona ideal para enamorarse. Esa idea peligrosa y nociva de estar esperando siempre a la otra mitad, tan incierta, tan cruel. La dinámica de pareja ya es difícil de explicar en su buen funcionamiento más imposible se hace entenderla en su fracaso. Las primeras desveladas viendo Six Feet Under parecían ser el clima ideal para las inversiones, para el futón en conjunto, para los muebles que adquirimos en el Puerto de Frutos en Tigre. Para cerrar el cerco en nosotros dos, porque considerábamos que el resto de la humanidad no estaba lo suficientemente estimulada intelectualmente como para poder entender cómo se construía el sentido.

Empezar a bajar las persianas fue un juego honesto, preciso y certero. Empezamos saliendo poco, yo dejé de jugar al fútbol, pero también empecé a boicotear cualquier amistad masculina que Mariela tenía, los violentaba exponiéndolos, maltratándolos, incluso hubo un día que no soporté que ella se riera tanto de un chiste que hizo un amigo en común, tanto que le tuve que pegar hasta fracturarle la mandíbula a ese pelotudo. Puede ser que me haya pasado un poco en la reacción, pero no soportaba a ese oligrofrénico calentándola, con sus chistecitos, con sus anteojos de marco grueso, su postura de periodista de suplemento cultural, no soporté imaginándolos apretando en un ascensor, él clavándole los dedos para correrle la bombacha de costado, para meterle toda su verga descuidada, porque Mariela es tan pelotuda que seguro que me cagó toda la vida sin usar forro, porque de seguro esos dos se complotaban para transmitirme todas las venéreas a mí, todas esas venéreas de los nihilistas de mierda que escriben para otros ocho malnacidos, que hablan de la cultura como campo impoluto, y solo para tramitarse el ego de manera excesiva. Y después me dijeron violento. Mariela tuvo que interceder para que me levanten la denuncia, pero nunca se me cruzó pedirle disculpas a su amiguito periodista, no y no le dije, vos lo provocaste y sabés que a mí se me pegan los caramelos. Esa fue mi defensa. A ella le gustó mucho saber que yo tenía la posibilidad de despedazar a otro ser humano y sobre todo a uno que estaba oliendo sus hormonas.


-No entiendo por qué no te vas, ya lo hablamos mi veces, no soporto más ver  tu cara.
-La semana que viene me voy, ya te dije, me voy así podés pasar 24 horas acá encerrado con todas tus miserias, pedazo de enfermo.


Exponerle todas las culpas a nuestra pareja, o al vínculo más crónico, es habitual, es un acto reflejo. A mí no me estaban saliendo frilos, no estaba diseñando casi nada, sólo cosas chicas y ella estaba escribiendo cada vez más, ya tenía doce mil caracteres semanales en una revista. No voy a mentir, no voy a decir que me sentía cómodo con ella abasteciéndome; podemos cuestionar muchos procesos sociales, pero al hombre se le hace insoportable ser soportado por su mujer, no sé cómo es en las parejas homosexuales, pero a mí me desesperaba. Yo no emitía voces a menos que sean para putearla, para echarle en cara casi todas las cosas que me parecían espantosas. La relación siniestra que tenía con su papá, el hecho de que no tuviera muchas amigas mujeres, de su bruxismo espantoso. Querer a alguien es tener el poder de herirlo donde le duele. Es una combinación de golpes en un lugar preciso. Es tener esas herramientas. Está en uno el uso ético. Hay un punto del no retorno, es el momento en que dijiste eso que no tenías que decir, herir con ganas, degollar el autoestima, pero aunque no se lastime demostrás que te interesa pisotear. Es una metáfora perfecta del poder, del uso del poder.


Podemos trabajar la racionalidad de los sentimientos, podemos eh. Nos podemos volver insoportablemente fríos, calculadores y llegar al punto cero del proceso de elección en cada decisión. Podemos hacer excels mentales para saber qué nos conviene más, pero hay un quiebre donde las acciones responden a un proceso totalmente ilógico, incuestionablemente irracional, y no los podemos desestimar ni contarlos como un margen de error, son decisiones que a lo largo de la historia definieron naciones. Yo no podía salir de ese departamento, no podía dejarlo un minuto, ella tampoco. Yo no podía dejar de mirar obsesivamente toda su rutina. No podía dejar de revisarle los cajones, los archivos, no podía decirle algo honestamente suave. No podía dejar de ver en ella refractado todo lo que detestaba del mundo. Tampoco podía irme, tampoco podía saber si el futuro era tan sólido como lo quería.


Durante las últimas dos semanas la comunicación fue sólo por notas. Los post it que se limitaban a decir sólo lo que hacía falta. “No hay leche”, “no hay más café”. No había un millón de cosas más pero no alcanzaban los papelitos amarillos, ni las ganas ni los caracteres.


De 1152568390: Te llevaste mis libros de Carver, flaca.

De 1159525555: Eran míos, no me hablés nunca más por favor.

De 1152568390: Quedátelos, pero necesito saber qué más te llevaste.

De 1152568390: Necesito saber qué hiciste con la copia de la llave.

De 1152568390: Te fuiste a lo de tu viejo?

De 1152568390: Decime dónde estás y no te jodo más.

De 1152568390: Ojalá seas feliz o te mueras.





Apr 08

richard el tercero

“Mañana en la batalla piensa en mi, y caiga tu espada sin filo. Mañana en la batalla piensa en mí, cuando fui mortal, y caiga herrumbrosa tu lanza. Pese yo mañana sobre tu alma, sea yo plomo en el interior de tu pecho y acaben tus días en sangrienta batalla. Mañana en la batalla piensa en mí, desespera y muere“. 

Dec 27

-Dale Choper, te dije y media y recién salís.

Martin está abajo y espera con su bici, yo tengo que bajar las dos, la mía y la que le voy a prestar a choper. Bajo los brownies que me regaló otto, le cuento a Martin, mientras termino de trasladar las dos bicis. Saco el tupper del freezer y lo pongo 30 segundos en el microondas. Salen calentitos. Abajo ya está Nacho o choper, que llegó tarde, porque su novia vive lejos, pero también porque él es impuntual. Ya medio que nos acostumbramos, a pesar de que una puteada le regalamos.

Abro el tupper y nos comemos en seguida los brownies. De ahí nos fuimos para la isla, atrás de la facultad de derecho, y nos tiramos por la bajada que usan todos los longboarders, nos tiramos y empezamos a putearlo a Martín porque se queda atrás, su bici es más pesada, y él siempre fue más tímido, más tranquilo. Fue como una metáfora del grupo de amigos. Nacho y yo adelante, compitiendo, a ver quién es más macho, y Martín atrás, con su seguridad, despacio, con otra temporalidad, otra sustancia diaria. 

Terminamos por Barrio Parque, mientras charlábamos, Martín pregunta si este es el barrio donde vive el Sr Schefield, los tres nos reímos. Nos preguntamos cuál es la inquietud que puede tener un tipo que vive acá, cuáles son sus fobias sociales tan distintas a las nuestras, pero no a nivel intimo y síquico, sino a qué cosa le dedica el tiempo a putear, yo supuse que el tema es los aeropuertos, porque deben viajar mucho, ya no los fascina el diuty free.

De ahí nos fuimos al rosedal, a dar vueltas, los tres andando en fila. Nos dimos cuenta que a ninguno se nos formó la idea de un matrimonio, ni de una máquina familiar, pero así y todo los tres estando de novios tuvimos que negociar, pero era una secularidad hecha región mental.

El efecto del brownie, que al principio estábamos negando, nos empezó a caer. Dimos tres vueltas en redondo y nos fuimos al planetario. Nos acercamos al laguito lleno de patos y con un color un poco tétrico. Tenía olas. Nos quedamos ahí y nos sacamos una foto. Después volvimos y nos sacamos una foto en el puente que cruza libertador, para entrar a la facultad de derecho y las subí a Facebook. Nos dimos cuenta que el efecto del brownie nos estaba pegando fuerte, Nacho hablaba solo, no le prestábamos atención, pero seguía con su monólogo. Decidimos bajar el puente y cruzar libertador fuerte y cuando lo hicimos Martín siguió par su casa, él trabajaba al otro día. Con Nacho seguimos por plaza Francia y seguimos por Posadas. Pasamos por el Sofytel y Nacho me dice, qué lindo cojerte una puta acá, en este hotel, Yo le digo que las personas que tienen mucha plata, los CEO y eso, podrían hacer eso que él dice, pero esas personas no disfrutan el sexo, lo hacen para recordar que son hombres biológicos, que cojen y ya están pensando en los llamados que tienen que hacer. Después seguimos por Arroyo, vimos muchas embajadas, y nos fuimos al otro lado de la 9 de julio, la calle estaba sola. Empezamos a bajar la velocidad y a pensar. Nos dimos cuenta que en juncal vive la gente que es de la aristocracia local, que siempre vivieron ahí, que van al Jockey, van a misa por esas iglesias que están ahí, que a lo sumo se acercan hasta las Esclavas o hasta San Nicolás, que tienen su colegios tradicionales ahí, y así recargan simbólicamente a su linaje. Del otro lado de Callao ya empieza la mezcla. Ya vienen los nuevos actores, que imitan, todo el capital simbólico del que necesitan para despegarse de donde vienen y no quieren volver. En el juncal aristocrático los edificios no se mueven, son viejos, son tradición, conservan la idea pura y consiente de no ceder ni mezclar esa diferenciación que proponen.

Nos fuimos de ahí, despacio, tardando en cada esquina, yo twiteando, Nacho daba vueltas sobre un poste, miraba la rueda, miraba los detalles imperceptibles. Nos sentamos en la plaza donde Anchorena y Pueyrredón se juntan. Nos sentamos ahí y empezamos a descifrar, Nacho y yo, empezamos a jugar a la sinceridad, a blanquear que los dos tenemos enfermedad por las mujeres, y que básicamente somos más malos que el resto, que sabemos administrar la culpa para nuestros deseos, somos más autónomos. Nos justificamos, y nos contamos secretos, miserias, sobre todo miserias, como una especie de alivio mental, de complicidad en la particularidad. También nos blanqueamos que de tener acceso a un video porno del otro, lo hubiésemos visto, y que también le miramos el orto a las novias de los amigos, que es como un acto reflejo ya.

Nos fuimos a casa a fumar un pucho, ninguno de los dos trabajaba al otro día. Pusimos música y armamos el ranking de la maldad entre los amigos. Confesamos cuando fuimos malos. Admití que soy el más malo del grupo, pero que él viene pegado, en segunda posición. Después el se fue, porque se va a vivir a Viedma, a ser grande, dice.

Dec 19

BICI SEND A

Buscame, vengo pedaleando, 
me vas a ver en la bicisenda de Gorriti.
Es larga y llena de rayitas.
La gente es linda, se cruza y se mira,
hay tensión,
la gente se gusta y se busca.
Recorre el margen, y se une con Palermo,
tiene bajadas y subidas, es oscura.
Es una línea en sintonía, como una tele vieja.
En la bicisenda de Gorriti transitamos la primer mundez,
la latinoamericanizamos. 
Vamos despacio, porque imponemos la temporalidad,
de una felicidad autonoma, 
o al menos la buscamos.
El trayecto es sensible,
porque reflexiona. 
Hay cadencia al andar, 
y hay cadenas, piñones y coronas.
Los hay sin casco por la valentía,
la de estrellar la cabeza, 
para desparramar los sentimientos, ofrecerlos.

Dec 08

FAV PORQUE FAV

Te estampo la estrella, te la fundo.
Es un click, de adherencia, de militancia.
Te faveo porque me gusta.
Me gusta lo que decis, Fav a eso.
Faveo por instinto, porque reluce mi interés.
El faveo es sutil, discreto y perverso. Es Dulce, empalaga.
Faveo de clase, clasista, cínico o irónico. Te faveo como respuesta.
Me humedezco con tus favs, porque te admiro.
Un mundo más faveado, más querido.
Te faveo porque no quiero el retuit,
te quiero a vos, lo que decis y te estrello.
Fav porque fav y no RT.

Nov 29

LET ME

lafugaeselclik:

Te expongo mi parte afectiva. Te la regalo.
Habitame cada actividad, total, ya están en desuso.
Empiezo de cero, a odiarte, pero odio más al resto.
Dejame empezar a contar cada segundo que me alejo, mirando hacia vos,
volviendo a cada paso que doy.
Dejame construirte como una figura, dejame idealizarte.
Quiero y voy a comparar a cada ser de la tierra, con tus rincones más húmedos.
Dejame llorarte, porque no puedo llorar, no me sale.
No sé porque te extraño, si estoy mejor.
Nov 22

“NOSOTROS LOS JÓVENES “

Que mis plegarias sean preguntas. Los cuestionamientos sean necesidad de exigencia. Que mi verba sea metralla a tu comodidad.
La juventud es algo que no es, porque no está formada más que por otra cosa que la edad. La lucidez no se nos exige, porque tenemos pasión, viste, como si eso diluyera cualquier duda política.
El cuestionamiento a un mundo que heredamos, como idea principal a crear otro, distinto, mejor, más armónico.
La reflexion de gente de 50, que se vuelve reaccionaria, porque añora, atesora momentos de su plenitud pensando que eran los mejores.
¿Sabes qué? me encanta diferenciarme de vos, porque sos otra cosa, porque no me entendes, ni quiero quiero que me entiendas. No me hace falta que soluciones tus inseguridades creando gerontocracias, ¿sabes por qué? porque vos sos cómplice de esta verdad irresuelta, que es la mierda donde nosotros nadamos y buscamos cosas lindas, tratamos de que florezca algo.
Ya voy a ser como vos, ya la resignación se va a cargar mi deseo, voy a odiarte, voy a odiar a los que vienen, pero si me ves así, dejame ir, no me escuches, ensuciame, faltame el respeto. No veas mi dedo índice señalando, excomulgando de cualquier tipo de valentía.
La revolución es la reacción, cualquier otra cosa que se cargue ese titulo es una fiesta de 15.
No me interesa llenarme de espacios, para ganar más espacios, para ser testigo de la debacle. Si vamos a ocuparnos, que nos ocupe, que el sueño no sea escribir en una revistita pelotuda, para ensalzar el ego de reminiscencias violentas, de justificaciones morales, ¿hacia quién? hacia papá y mamá, que no les diste el sueño del medico lejano y honesto.
La juventud no es un beneficio, ni siquiera un peso. Es una simple situación, que te exige exigir o no exigir. A querer trascender, lo que otros no trascendieron, o simplemente pactar con el futuro una existencia más liviana.